domingo, 27 de febrero de 2011

Santa María del Adviento

La Virgen María es sin duda una de las grandes figuras del Adviento. Ella es modelo e imagen inmejorable de la Iglesia que espera. Contemplar el icono de la Virgen embarazada es para nosotros, la Iglesia que peregrina en la historia, la mejor escuela para aprender a recibir al Señor Jesús que está llegando.
María permanece discretamente en segundo plano y su influencia lo invade todo. Su función en la ejecución del plan de Dios es importantísima y esta adherida completamente a la misión de su Hijo el Señor Jesús.
La escena de la anunciación ocupa constantemente el pensamiento de la Iglesia durante el adviento. Aparece con toda claridad la incomparable importancia de María en el plan de la Salvación. Según la tradición católica, el fiat de María, su "sí" rotundo al papel que Dios pensó para ella, tuvo importancia decisiva a la hora de realizarse el plan de Dios para salvar a la humanidad.
"Al abrazar con todo el corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con él y bajo él, con la gracia de Dios Omnipotente" (LG 53 y 56).
En la liturgia revivimos la escena de la anunciación, escuchamos el diálogo entre el ángel y la Virgen, vivimos el suspenso de aquel momento que precede a la palabra de consentimiento. Fue un momento de decisión que llamamos a veces el "momento de la verdad".
Se hace una opción, se toma una decisión y a partir de ese momento la vida toma un curso nuevo. Ponemos en marcha una serie de acontecimientos que afectan no sólo a nuestra historia, sino también a la historia de nuestros hermanos.
La Virgen María no dudó. Simplemente pidió una explicación: "¿Cómo puede suceder eso?". No había tiempo para pensar las cosas con profundidad. No era posible prever todas las consecuencias de su decisión. En realidad, la perspectiva debió de haber sido pavorosa, e hizo lo único que podía hacer en aquellas circunstancias: hizo un acto de fe y dijo sí a la propuesta de Dios.
Su respuesta no solo fue pronta y sin reservas, sino gozosa. Ella respondió con gozo a la buena nueva que le llevó el ángel. Ella aceptó el don divino a favor de todos nosotros y la humanidad asintió en ella a su salvación.
Para San Irineo, la obediencia de la Virgen remedió la desobediencia de Eva, y así aquélla se convirtió en la nueva Eva y en la abogada de aquella que había sido engañada por la serpiente. San Agustín decía que la Virgen María concibió al Hijo de Dios en su mente y en su corazón antes de concebirlo en su cuerpo.
María está presente a lo largo de todo el adviento. Ella posee el secreto de este tiempo. Adviento es el tiempo de la esperanza, y nosotros invocamos a Nuestra Señora como Mater Spei, o Spes Nostra Salve. Ella es la esperanza de la Iglesia y de cada uno de sus miembros. En su estado actual de gloria, unida perfectamente al Señor ella intercede por nosotros sus hijos.
"En ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y la contempla gozosamente como una purísima imagen de los que ella misma, toda entra, ansía y espera" SC 103.
Siguiendo el modelo de María, Mujer de esperanza que supo acoger, como Abraham, la voluntad de Dios, esperando contra toda esperanza, la palabra nos invita a prepararnos para salir al encuentro del Salvador que viene a nosotros.
Los que viven con la liturgia el espíritu del Adviento, al considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, somos animados a tomarla como modelo y a prepararnos "velando en oración y cantando en alabanza para salir al encuentro del Salvador que viene”.
María Madre del Adviento, ruega por nosotros.

domingo, 16 de noviembre de 2008

16 DE NOVIEMBRE

El 16 de noviembre marca en la historia de Eduviges Portalet su arribo a la mansión del Padre.

Ella que anduvo por los caminos de la historia siempre confiando en la providencia Divina, orante en los gozos y en las pruebas, adorando siempre a Jesús en el Sagrario, mirándose en el espejo de Santa María la Señora de la azucena virginal, llamada siempre Inmaculada... abrazada a la cruz y apostando, toda la vida por sus pobres, los ciegos de Toulouse, los sin luz de la historia a quienes buscaba en las buhardillas de la ciudad, se les acercaba con devoto respeto, casi en silencio, sigilosamente, con una sonrisa en el alma, con mucha ternura en el corazón para llevarlos en brazos hasta su casa. Camino a la casa tenía los ojos embelesados de gozo, el alma le sonreia. Ofrecerles casa, ropa limpia, comida y mucho cariño.
Un día como hoy llega a la casa paterna y disfruta del perfume, la pureza y el dolorde los pobres, de sentir la piel de los ciegos y sus manos frias, de acogerlos, de sonreirles con dulzura materna, de hacerles un día de fiesta entre tantos de tribulaciones...por que el cielo está en la tierra... aqui estan los pobres, aqui estan los ciegos, aquí los sin luz... aqui esta Dios.

Y esta lección conocida por Eduviges, como el abecedario cuando empezábamos a leer, la repasa sentada con la cabeza en el regazo del Padre Eterno, abandonada a su providencia, confiada totalmente a su amor.
Y el corazón de Eduviges que supo harto de adoración, se queda enamorado, con la mirada fija en un sagrario, con la vida enraizada en el Amor, en el Amor más grande, más hermoso, más puro y más perfecto que es el amor de Dios.

Hay dicha en su corazón, hay aprobación en la mirada de Dios. Perfecta armonia de la criatura y el Amado Divino, de la pequeñez y la grandeza, de la eternidad y la humanidad...nunca faltan los miliagros en la cotidianidad... Nunca falta el amor...

EDUVIGES PORTALET : MUJER DE LUZ