viernes, 20 de mayo de 2011

Eduviges Portalet Hoy


EDUVIGES PORTALET
Eduviges Portalet y las Dominicas...hoy

Las hermanas DIC somos religiosas consagradas a Dios, que seguimos a Jesús, pobre, casto y obediente y vivimos en comunidad, llamadas a predicar la Verdad y portar la luz de Cristo, para aquéllos privados de la luz de la fe, la cultura y la Educación.
La fe de Eduviges.
La fe es siempre respuesta a la iniciativa de Dios. Eduviges recibió la llamada y fue pronta en la respuesta generosa.
La fe no es solo una manera de comprender la realidad sino y, sobre todo implica un compromiso de acción y de vida. Eduviges se sintió interpelada por la realidad y su respuesta fue compromiso radical con los carentes de luz.
La fe no tiene un ámbito privado y personal, mas bien es esencialmente comunitaria, social pues busca el bien común y tiene en cuenta la dignidad de todo ser. El corazón de Eduviges fue ensanchado por el fuego del Espíritu Santo y tocado por el grito de sus hermanos necesitados de luz, especialmente por los niños y los jóvenes en oscuridad.
La fe no es estática sino dinámica e histórica. Todo el ser de Eduviges se dejó mover por la fuerza del Espíritu, de esa fuerza que viene de lo alto, de la oración confiada y perseverante; de arrodillar sin tregua el corazón ante la santa Eucaristía todos los días.
La fe de la consagrada es siempre cristocéntrica, su centro está en Jesucristo, con amor apasionado le busca, le conoce le experimenta íntimamente, especialmente en el evangelio, en el sagrario y en la cruz. Este amor apasionado por Cristo le hace amar todo lo que Él ama apasionadamente: a todos los hombres sin distinción y tiene celo por la salvación de toda la humanidad
Eduviges Hoy:
La Iglesia y el mundo tienen necesidad de mujeres que quieran vivir radicalmente el proyecto de la fraternidad, como Domingo y Eduviges quienes con entrañas de misericordia, adheridos al corazón del Padre y con los ojos abiertos, viven apasionados por la humanidad. Queremos mantener una espiritualidad de ojos abiertos a la realidad que nos rodea.
Eduviges Portalet fue una apasionada por su Señor y por los carentes de luz. Entendió que el proyecto de Dios se expresa concretamente en los hermanos, en los que quieren liberarse de las sombras y ansían la luz. Fue una mística en acción. Buscaba a los ciegos en las buhardillas de Toulouse, los rescataba de la oscuridad, los cargaba en sus brazos, con delicadeza pero con paso firme y los llevaba a su casa, les daba comida, vestido, una sonrisa, mucho amor. Zurcía con esmero las ropas usadas para dar abrigo a sus niños, ropa con olor a limpio, acariciada por el calor de una plancha, por sus manos y su corazón. Su convicción: Amar a Dios y amar a los hermanos y darlo todo, no guardarse nada.
Mujer Contemplativa:
Todos los afanes y la búsqueda de Eduviges estaban abrazados totalmente a Dios... allí nace su pasión por la humanidad. Sus largas horas junto al Sagrario, en intimidad con aquél de quien se sabe amada, dejando el corazón en el corazón ardiente del que es amor, el amor con mayúscula. Adorar a su Dios era su gozo y encontraba todas las respuestas en el tabernáculo. Tanto amor y confianza en Jesús Eucaristía, que deseaba para su familia religiosa la adoración perpetua. Sin dejar de adorarle entendió que su Señor quería, también, ser reconocido real y misteriosamente, en cada hombre, en cada mujer, en cada niño que es imagen auténtica del mismo Dios, sobre todos de aquéllos que privados de la luz, se sienten privados de sentirse hijos de Dios.
El empuje apostólico de Eduviges no está en su liderazgo y las riquezas de su personalidad sino en su oración, en los largos tiempos de rodillas junto al sagrario, en la contemplación del Amado Divino. El secreto de la fecundidad de su familia religiosa está enraizada en adorar al Señor, con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas, y al prójimo, como a uno mismo. Es el secreto también de nuestra fecundidad apostólica.
La pasión por el Reino:
Los carismas de los fundadores se han entendido como un don para la familia religiosa que han formado. Hoy, desde una visión eclesial nueva, los carismas se conciben como un don para la Iglesia. La espiritualidad y la misión de Eduviges no es exclusiva de las hermanas, sino que se abre a todas aquellas personas, hombres y mujeres, que quieren plasmar en su vida la espiritualidad de la luz: mostrar la Luz a aquellos que carecen de cultura, de fe, de educación.
Refundar la herencia:
Eduviges nos dejó una herencia. No basta conservarla. Hay que actualizarla y refundar continuamente la Congregación para dar las respuestas al mundo de hoy. Refundar es reorientar efectivamente la Congregación en la línea e intenciones que tuvo la Fundadora en los orígenes de esta familia DIC; seguir con entusiasmo renovado predicando la Verdad y portando de luz de Cristo, a todos aquéllos que en tinieblas, físicas, espirituales y culturales buscan, muchas veces sin saberlo, la claridad de la vida.
Una espiritualidad apostólica:
María en su especial dimensión de madre y de creyente, desempeña un papel esencial en la historia de la salvación. La sencillez y la discreción, la proximidad y la presencia, la acogida y la generosidad, son vividas desde la cotidianidad. Comprometerse con el proyecto de Eduviges al estilo de María significa colaborar sin protagonismo, llevar el mundo a Dios, tener espíritu de servicio, actitud de acogida, de misericordia... Las actitudes de las hermanas y las laicos-Dic que comparten el proyecto de Eduviges reflejan la espiritualidad de creyente, de fe, y de servicio de María.
Solidarios con los privados de luz:
Eduviges rompe los esquemas cuando se esfuerza por conseguir para aquellos privados de luz, el cuidado, la comida, la educación, la fe. Estamos llamadas a insistir en la acogida a los carentes de hoy: carentes de luz, de cultura, de la educación, de fe, como dimensión esencial de nuestra misión. Porque, hoy más que nunca, aumenta el número de pobres y marginados, -carentes de la luz de la fe, la cultura y la educación- a los que no se les anuncia el evangelio. Nos sentimos llamadas a recrear la experiencia de fidelidad a Cristo y a educar para la luz y para la solidaridad como poderoso instrumento de evangelización. El mundo nos interpela para ser portadoras de la luz de Cristo Luz del mundo para aquellos que muchas veces están tan cercanos a nosotras y están ansiando un rayito de la luz que les libere de las tinieblas.
Compartir la misión:
Hoy de cara al tercer milenio, las manos de la congregación se multiplican para dar luz. Las hermanas y los laicos-Dic levantan esta luz. Eduviges ofrece su espiritualidad y su misión a los laicos que trabajan en nuestras obras, a los niños y jóvenes que beben del manantial de Dios en nuestras obras, a los padres de familia, y a todos aquéllos que reciben o dan dimensiones espirituales en nuestras obras.
Lugar de fronteras:
Eduviges fue audaz para penetrar en ambientes quizás inexplorados, donde espera Cristo cegado de la luz física. Hoy se agudizan no solo las cegueras físicas sino otras cegueras: Cegueras de realización, de dignidad de hijo de Dios, de baja autoestima, de amor, de eternidad. Precisamos de audacia para ir a los espacios de frontera donde el evangelio no resulta accesible a los jóvenes, a las familias. Hacemos presencia en el mundo juvenil y en sus necesidades profundas con pedagogías y criterios de estos tiempos. Compartimos con los laicos estas preocupaciones y buscamos realizarla la tarea en equipo. Estamos caminando con esfuerzo en esto.
Entre los sueños y la realidad:
Puestos los pies en la tierra que pisamos hoy, somos conscientes de esta realidad: falta una clara opción -no excluyente ni exclusiva- por los más pobres y más necesitados, hay carencia de vocaciones, dificultad para intervenir en el mundo juvenil, insuficiente inculturación de algunas comunidades, relaciones no bastante ajustadas con la realidad, falta de pasión por el evangelio, celo por la salvación de las almas y por el ideal de santidad, para construir y vivir otro estilo comunitario... una vida de oración que afloja muchas veces, un apostolado ineficiente y a veces débil.
La realidad nos recuerda la distancia que existe respecto de nuestros sueños. Si éste fuera nuestro único punto de referencia, nos hubiera llegado el desánimo y la desesperanza. Nos formulamos la misma pregunta que María: "¿Cómo será esto realidad?". La respuesta del ángel conserva toda su validez: "Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios". Lucas 1, 37.
No ver la distancia entre el sueño y la realidad sería cerrar los ojos y quedarnos en el conformismo. Desesperarnos significaría dejar de confiar en la fuerza y el poder del Espíritu Santo. Esforzarse por dar pasos concretos en la línea de la espiritualidad de Eduviges y Domingo –cristocéntricos totalmente- es nuestro desafío y nuestra responsabilidad.
Las hermanas dominicas hoy, somos conscientes de nuestras limitaciones, pero también tenemos la convicción, que por nuestras venas, corre la sangre espiritual y audaz de Eduviges Portalet. Ella abrazaba a los pobres de las buhardillas después de buscarlos con sigilo y delicadeza les brindaba comida caliente, una cama tibia y que descubran en su acogida el amor misericordioso de Dios, que hacía posible arrancarles una sonrisa de gozo, el gozo de saberse amado que redime a cualquier hombre.


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